Blog de novedades de PUGA ORTIZ Abogados

25 Abril 2008

Presos del Miedo*

Archivado en: General — PugaOrtiz @ 12:24

* por Cristián Muga Aitken, socio de Puga Ortiz Abogados

La historia, aunque repetida, sigue sin variaciones: Cada vez que se produce un crimen que, causando conmoción a nivel público, no es castigado de la manera que la sociedad espera, surgen las voces que solicitan más ??mano dura?. Como la sensación de inseguridad está fuertemente arraigada en la población, los jueces son presionados a actuar con el máximo rigor al momento de imponer medidas cautelares como la prisión preventiva.

La imposición de esta visión se hizo notoria con la vigencia de la reforma procesal penal. Inicialmente, los jueces de garantía administraron criterios que prescindían de aquella percepción social. Distintos casos de delincuentes que volvían inmediatamente a la calle, causaron indignación en diversos sectores sociales y políticos, logrando modificar el criterio con el cual se estimaba procedente la prisión preventiva de los imputados.

Bajo la perspectiva imperante en la sociedad, cualquier evaluación del sistema penal se ve reducida a la cantidad de imputados privados de libertad: La gente piensa que a mayor número de presos, mayor eficiencia del sistema. Esta ecuación, permitiría, según algunos, recobrar la seguridad que los ciudadanos dicen haber perdido, frente al fenómeno de la “delincuencia”.

Hoy, cuando todos los sectores parecen estar más tranquilos con una justicia que sintió el golpe y que, en consecuencia, bajó la guardia, surgen datos que obligan a replantearse esta dinámica: Un reciente informe de los jueces de garantía, reveló que el penal de Santiago Uno está en su máxima capacidad a sólo ocho meses de entrar en funcionamiento. Una sobrepoblación que está generando condiciones de hacinamiento infrahumanas.

Nuestra experiencia país parece mostrar que el excesivo rigor del sistema penal, contribuye a la generación y reproducción de la criminalidad, especialmente en aquellos imputados y condenados por delitos menores que son mezclados con delincuentes habituales y peligrosos. Son aquellas personas las que en cuestión de semanas o meses, cuando vuelven a la libertad, están mejor preparadas que antes para cometer crímenes.

Para que esta historia no se repita, es necesario plantearse qué tan eficiente puede ser una política criminal que sólo pone énfasis en la represión penal y que mide los éxitos en función del número de presos. Hay que preguntarse cuán rentable es que el Estado invierta en nuevas cárceles que, con la dinámica actual, se llenarán antes de que se abra un nuevo recinto.

Justamente, se está haciendo vista gorda a la consecuencia inevitable que trae consigo la paranoia por seguridad: Todas las personas que hoy pongamos en prisión preventiva saldrán libres en algún momento. Si las condiciones de reclusión se mantienen o empeoran, ahí sí que existirán razones para sentirnos inseguros. Será como un verdadero autogol.